Cuando estaba leyendo el blog de mi hermana, http://claudiazocar.blogspot.com, me di cuenta de que también tenemos en común, el haber trabajado en muchos lugares y de muy temprana edad, ahí empecé a recordar todos y cada uno de ellos, que aprendí en aquella edad, como crecí, que me hizo felíz y que me dolió.
Cuando tenía 11 años vendía velas en la calle, en el barrio de San Telmo, en las calles de Florencio Varela, vendía velas y todo el dinero se lo daba a mi madre, era una época que existían los cortes de luz programados, entonces el negocio estaba latente, encima vendido por un niño el negocio era mas rentable, años después supe por mi madre que el dinero sirvió y mucho para complementar lo que mi madre se ganaba limpiando de día en casas o de noche en empresas.A los 12 me ofrecí de lava copas en un pequeño restaurant de Humberto 1° y San José, se llamaba “El Sol” los dueños eran gallegos, pero no “gallegos”… de verdad eran gallegos, Álvaro había nacido en Lugo y Antonio su socio en La Coruña, eran muy amables conmigo, me enseñaron no solo a disfrutar la comida española, sino a dirigirme de manera servicial, demostrando firmeza en mis actos pero con una imperante amabilidad, de lava copas pasé a ser ayudante de cocina y luego mozo de mostrador, fue una época increíble para mí, aprendí de los adultos porque los observaba y veía el mundo aquel donde tomar solo un café o tomar una copa era compartir anécdotas, todo con absoluta proporcionalidad. Cuantos más copas más anécdotas. El final vino de la mano con la crisis económica, la inflación era insostenible, y los gallegos tuvieron que tomar una decisión muy dolorosa, no pudieron decirme a mi la mala noticia, tuvieron que hablar con mi madre y explicarle el porqué de mi despido, mas tarde me enteré que terminaron disolviendo la sociedad y vendiendo “El Sol”. Me imagino el dolor con el que enfrentaron todo, y lo apesadumbrados que estaban al comunicarle mi madre la noticia, pero peor hubiera sido ver a los gallegos tristes ya que mi imagen de ellos es todavía, la de dos tipos alegres y de excelente semblante. Encontré trabajo como guarda de colectivos, yo cortaba los boletos cuando aquí en Argentina salió una ley que prohibía a los choferes de colectivos cobrar y manejar, entonces hasta que aparecieran las maquinas expendedoras de boletos había que poner a empleados solo para cortar el boleto y cobrar, luego fui empleado de una calesita en Villa Crespo, luego no pude seguir trabajando y estudiando en la secundaria, estaba muy cansado y ya no rendía así que me dediqué de lleno al estudio y recién a los 15 años entré a trabajar a una fábrica de transformadores, empecé en el sector de control de calidad ya que yo estudiaba en una Industrial y como estaba como aprendiz era el sector ideal para aprender el proceso de producción porque veía los resultados, los dueños eran dos judíos, eran increíbles personas, se hacían llamar Mario y Pedro, se hacían llamar digo porque sus verdaderos nombres eran de origen hebreo y como ellos nunca lo dijeron jamás los supe, yo me llevaba muy bien con Pedro que era el más retraído y hablábamos no solo de mis estudios sino de religión, para mí era un mundo nuevo hablar de religión con alguien que no compartía mis creencias, imaginaba y le hacía preguntas que Pedro con gusto me respondía, tenía una voraz curiosidad típica de un adolescente de 15 años y jamás se sintió incómodo con mis preguntas al contrario, el no solo veía con buenos ojos mi falta de prejuicio y curiosidad sino también que trabajara y estudiara a pesar de mi edad... (Continuará)
miércoles, 13 de mayo de 2009
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